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martes, 29 de noviembre de 2011

¿Cómo puede uno ganarse el respeto de los demás?

RESPETO
Actitud deferente con que se trata a la persona que se juzga digna de estima; reconocimiento y consideración por alguien, en razón de sus cualidades, méritos, oficio, dignidad o autoridad. Manifestar respeto es “honrar”.

¿Es propio desear que se nos respete?
Es natural desear que se nos aprecie. La propia Biblia nos estimula a hallar “favor y buena perspicacia a los ojos de Dios y del hombre terrestre”. (Proverbios 3:4.). Tenemos el caso del mismo Jesús, quien en su juventud seguía “progresando en sabiduría y en desarrollo físico y en favor ante Dios y los hombres”. (Lucas 2:52.)
¿Viene por sí solo?
Como dice esta misma asignación el respeto “hay que ganárselo”. En tiempos bíblicos, a Job se le respetaba mucho en su comunidad pues se había ganado el respeto por sus buenas acciones, pues explicó: “La gente, al verme o escucharme, me felicitaba y hablaba bien de mí”, sin duda debido a que tenía unos antecedentes coherentes de conducta justa. (Job 29:7-17, Versión Popular.)
¿Qué clase de antecedentes tenemos? ¿Hemos seguido el consejo de Pablo: “… hazte ejemplo para los fieles en el hablar, en conducta, en amor, en fe, en castidad”? (1 Timoteo 4:12.) Podemos ser un ejemplo digno de respeto. El estudio de la Palabra de Dios puede ayudarnos a lograrlo, pues el salmista dijo: Me porto con más entendimiento que hombres de más edad, porque he observado tus propias órdenes”. (Salmo 119: 100.)

¿Cómo ganárselo?
Otra manera importante de ganarse el respeto es manteniendo una conducta ejemplar.
Recordemos que el respeto genera respeto, Romanos 12:10 dice: “En cuanto a mostrarse honra unos a otros, lleven la delantera”. No mostraríamos respeto si mintiéramos o deformáramos la realidad, hiciéramos bromas crueles, convirtiéramos a los demás en blanco de nuestros chistes. Lo único que lograríamos a la larga es que nos perdieran el respeto que nos tuvieran.

¿Y los jóvenes?
Un conocido refrán ghanés dice: “Los niños han de quitar la concha a los caracoles, no a las tortugas”, o, lo que es lo mismo, ciertas funciones deben desempeñarlas los mayores, no los jóvenes. Es mucho mejor que te ganes el respeto ajeno reconociendo que tienes una función subordinada y aprendiendo a cumplir con ella.
La Biblia lee en Levítico 19:32: “Ante canas debes levantarte, y tienes que mostrar consideración a la persona del envejecido, y tienes que estar en temor de tu Dios. Yo soy Jehová”. ¿Ofreces de buena gana tu asiento a las personas mayores cuando vas en un transporte público? ¿Cuidas tu lenguaje y escuchas con respeto cuando conversas?

¿ Cómo lograr que se respeten tus creencias?
Una de las cosas más importantes es dejar claro desde el principio nuestra postura como testigo de Jehová. Nuestra honradez, seriedad y firmes principios nos pueden granjear el cariño de nuestros compañeros de trabajo, vecinos, etc. Con cuidado de no imponer nuestras creencias, hemos de estar ‘siempre listo para presentar una defensa ante todo el que te exija razón de la esperanza que hay en ti, pero haciéndolo junto con genio apacible y profundo respeto’. (1 Pedro 3:15.) Evitemos que nuestro comportamiento haga ‘que se hable injuriosamente de la palabra de Dios’. (Tito 2:5.)

Por eso si nuestra habla y conducta son ejemplares, podemos ganarnos el respeto y la confianza del prójimo.